Las Apps móviles están condenadas a desaparecer

Hay muchos indicios que llevan a pensar que el futuro de las Apps no será el que solía ser. No cabe duda de que han sido una de las grandes innovaciones que han hecho posible la democratización de un estilo de vida digital muy impregnado en el día a día de las personas. Hoy existen más de 1,5 millones de aplicaciones disponibles tanto en la tienda de aplicaciones App Store para dispositivos Apple como en Google Play para dispositivos Android. Existe una App para casi cualquier cosa que nos podamos imaginar. Pero detrás de esta abundancia existe un enorme fracaso, pues sólo el 20% de las apps son utilizadas después del primer que han sido descargadas y si esta foto la repetimos un mes después la cifra se queda en un mero 5%. Por tanto, millones de euros invertidos en diseño y desarrollo de Apps no están consiguiendo satisfacer las necesidades de las personas y mucho menos sorprenderles con una experiencia serendípica por encima de sus expectativas.

el futuro de las apps - uso de apps

Sin embargo, detrás de estos millones de decepciones sobresale un éxito de dimensiones planetarias. Si echáramos un vistazo al móvil de todas las personas del mundo, veríamos que la aplicación más usada y que ocupa una posición destacada en la pantalla es una App de mensajería instantánea como WhatsApp, Facebook Messenger, WeChat, Viber o Line. El 90% de los 365 días del año utilizamos al menos vez este tipo de aplicaciones, por delante incluso de buscadores o redes sociales. Por tanto, las personas han adoptado los mensajes como una forma muy fácil y efectiva de comunicarse con amigos y familiares. ¿Por qué las marcas no hacen lo mismo?

El futuro de las Apps podría venir de China y no de Silicon Valley

Como otros muchos delirios digitales, en Silicon Valley se empezó a gestar una burbuja alrededor de las Apps. Tras la reinvención de Apple de lo que es un teléfono móvil con el lanzamiento del primer iPhone en 2007, miles de startups empezaron a irrumpir en el mercado en forma de una aplicación móvil. Algunas han planteado un modo innovador de mejorarnos la vida y alcanzaron rápidamente valoraciones millonarias. Al igual que ocurrió con la fiebre de las redes sociales que provocó que todas las empresas empezaran a abrir cuentas en Facebook y Twitter, aunque muchas de ellas sin saber muy para que lo hacían, la burbuja de las Apps hizo que toda marca con pretensiones de ser digital desarrollase su propia App para clientes. En algunos casos iba asociada a un nuevo servicio digital, pero en la mayoría de los casos el principal objetivo era construir un nuevo canal de comunicación con sus clientes para crear relaciones, y por tanto, hacer negocios.

Pero en países como China, donde Internet nació directamente en el móvil y de alguna manera la era web les llegó de soslayo, el planteamiento ha sido muy diferente. Aplicaciones de mensajería instantánea como WeChat son el canal de relación móvil que muchas marcas utilizan con sus clientes. A esta plataforma se han conectado más de 10 millones de empresas que prestan sus servicios para que desde WeChat sus clientes puedan oír música, pedir y pagar el taxi, reservar vuelos, pedir una cita con el médico, realizar transferencias de dinero, donar a causas benéficas, hacer sus compras por Internet, pagar sus compras en tiendas físicas o contratar servicios como luz, gas o seguros, e incluso, participar en procesos judiciales. El racional de este enfoque es bastante simple y contundente, pues si para 600 millones de personas WeChat es su “killer app” que utilizan intensamente cada día, por qué no emplearla para habilitar los servicios de otras empresas, evitándoles descargar otras aplicaciones y recordar cientos de nombres de usuario y contraseñas.

el futuro de las apps - wechat

Por tanto, dado que para la mayoría de las empresas está resultando muy difícil el hacerse un hueco en los móviles de sus clientes con una aplicación que les enamore, los días en los que la relación móvil con las marca requiere la descarga e instalación de una aplicación móvil dedicada pueden terminarse pronto. El futuro de las apps tiene una gran oportunidad de reinvención a través de “robots conversacionales” integrados en plataformas de mensajería al más puro estilo WeChat. Adxemás Facebook, propietario de WhatsApp y Facebook Messenger que a la postre son las dos plataformas de mensajería instantánea más grandes del mundo, está apostando por este modelo. Algunas empresas como la cadena hotelera Hyatt ha comenzado a utilizar Facebook Messenger como un canal donde sus clientes pueden gestionar sus reservas y peticiones. En el momento en que Facebook abra y “apifique” definitivamente sus plataformas de mensajería para que terceras empresas puedan desarrollas sus propios servicios, seremos testigos de un ola de innovación de dimensiones similares a la que ocurrió cuando Apple y Google abrieron sus sistemas operativos móviles para el desarrollo de Apps para iOS y Android. Para los desarrolladores se les abriría la opción de diseñar nuevas experiencias mucho más simples utilizando robots conversacionales que al mismo tiempo conlleva un ahorro en construcción y mantenimiento en comparación con el modelo actual de Apps para plataformas iOS y Android.

El futuro de las Apps tiene que pasar por adaptarse al Internet de las Cosas

El mundo digital está rompiendo sus barreras tradicionales pues Internet ya no es coto privado de los ordenadores, los móviles o las tablets. El nuevo paradigma que supone el Internet de las Cosas nos lleva a una nueva realidad en la que cualquier elemento cotidiano se puede conectar a Internet como un coche, un reloj, un termostato para la calefacción, un electrodoméstico, una cerradura o unas zapatillas para hacer deporte. Esta tecnología de Internet de las Cosas (IoT – Internet of Things), junto con el Cloud Computing, la analítica avanzada del Big Data y la Inteligencia Artificial, hacen posible no solo la conectividad de cualquier elemento a Internet, sino la posibilidad de dotarles de inteligencia en tiempo real. Por tanto, esto hace posible por ejemplo que un termostato inteligente como Nest sea capaz de subir o bajar automáticamente la calefacción de nuestra casa en función del día que haga e ir aprendiendo de nuestros horarios para que cuando lleguemos a casa una tarde de invierno nos la encontremos a la temperatura que nos gusta. Pero tampoco sería nada fantasioso que el propio Nest contratase por nosotros la mejor tarifa de luz o gas en función de nuestros patrones de consumo. Esto implicaría que la App embebida en Nest tuviese que interactuar con la App de nuestra empresa energética y con la de nuestro banco. Es decir, hemos llegado a un punto en el que todas las tecnologías y servicios que hemos creado en los últimos años empezaran a cruzarse información e interactuar entre sí mismos de manera autónoma e inteligente.

Este nuevo contexto exige reaprender lo que es una App, pues al margen de conservar su versión tradicional o de embeberse dentro de un plataforma de mensajería instantánea como WhatsApp, también tendrá que tener su versión para dispositivos del Internet de las Cosas y actuar inteligentemente en función de ciertas interacciones o cambios del entorno. Por tanto, tenemos que pensar en que momentos del estilo de vida del cliente queremos estar presentes, tenemos que pensar en cosas y no solo en pantallas y tenemos que pensar en dotarles de la inteligencia necesaria para interactuar no solo con los clientes sino con otras Apps. Un magnífico ejemplo de este tipo de sistemas es Nike+ donde una misma App adopta diferentes versiones para el móvil, la pulsera o las zapatillas. Un mismo contenido y una misma experiencia, pero que funcionan agnósticamente del dispositivo y del tipo de tecnología empleada en cada caso.

el futuro de las apps - nike

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En definitiva, estamos entrando en una nueva era digital donde el futuro de las Apps implica una total reinvención de cómo las conocemos hoy en día para renacer camaleónicamente en múltiples formatos. A veces serán iconos visibles en la pantalla de nuestro móvil pero también aparecerán integradas en nuestro WhatsApp o embebidas invisiblemente dentro del termostato de nuestra casa. No solo responderán cuando las necesitemos sino que se anticiparan a nuestras necesidades y harán cosas por nosotros sin tan si quiera pedírselo.

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