¿Por qué los datos ya valen más que el petróleo?

Los cuatro fantásticos de la economía digital, Apple, Google, Microsoft y Facebook, ya encabezan las cuatro primeras posiciones del ranking S&P500 por valoración bursátil. Hace unos pocos años, este lugar de privilegio estaba reservado a las grandes compañías petroleras y conglomerados industriales como Exxon-Mobil o General Electric. Obviamente, estos índices bursátiles tan solo reflejan los pensamientos y expectativas que los inversores tienen sobre el futuro de las compañías y no hay que darle más importancia que el de ser un simple tablero de juego que recoge vanidosas especulaciones y apuestas de los chicos de Wall Street. Pero como dice la sabiduría popular, “cuando el río suena es porque agua lleva”. Y vaya que si lleva agua, pues por ejemplo ¡¡CADA SEGUNDO!! Apple ingresa 5.419$, Microsoft 2.469$, Google 1.761$ y Facebook 249$.

economía digital - ingresos compañías

No cabe duda, que al margen de burbujas y fiebres especulativas, la tradicional economía industrial donde los dueños del petróleo eran los “amos del mundo” está dando paso a una nueva economía digital donde los datos convertidos en información y conocimiento se están convirtiendo en el nuevo combustible para el progreso de la sociedad y la mejora de sus niveles de bienestar y felicidad. ¿Por qué? Porque las compañías digitales son las que crean más valor en este momento utilizando las nuevas tecnologías y nuevas formas de hacer negocios. Han cambiado el estilo de vida de millones de personas a lo largo del planeta y han reinventado industrias legendarias. Son las organizaciones donde la gente con talento quiere trabajar y algunas de ellas se han convertido en iconos del éxito y de una nueva forma de entender el trabajo y el estilo de vida. En definitiva, han innovado en la forma de entender un modelo de negocio y han sentado los pilares de la nueva economía digital que regirá los designios del mundo en los próximos años.

En la economía digital no se vende productos, se mejora estilos de vida

Apple no vende ordenadores, móviles o tablets, sino que trata de contribuir a mejorar al mundo con herramientas que ayuden al ser humano a progresar. Google no desarrolla aplicaciones como buscadores, cuentas de email, o mapas, sino que intenta organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil. Facebook no gestiona una red social, sino que quiere hacer del mundo un lugar más abierto y transparente. Esta conceptualización de lo que es una compañía en torno a un propósito centrado en mejorar el estilo de vida de las personas es algo inherente a los líderes de la nueva economía digital y el corazón de su éxito. Patrón que también observamos en muchas otras organizaciones tan admiradas como Nike, Starbucks o Zara, que si bien no son nativas digitales, han incorporado magistralmente las bondades del mundo digital en su modelo de negocio. Nike no son zapatillas y ropa deportiva, es hacer del deporte una parte fundamental de tu estilo de vida y liberar el campeón que llevas dentro. Starbucks no servir cafés, es un espacio social y personal entre la casa y el trabajo, donde podamos disfrutar de una experiencia sensorial única mientras tomamos un café hecho con mimo y al mismo tiempo podamos contactar con otras personas o reencontrarnos con nosotros mismos. Zara no es ropa, es poner la última moda en tu día a día sin arruinarte, mientras te diviertes descubriendo nuevos diseños en cada visita a sus tiendas.

economia digital - starbucks - jose cantera

En la economía digital el éxito de una compañía comienza por tener un propósito más elevado que simplemente el de ganar dinero. Son compañías con el sueño de cambiar el status quo, mejorar el mundo a través de la vida de las personas, crear un entorno único para trabajar, y como resultado, generar valor para los accionistas.

En la economía digital no hay cadenas de valor cerradas, hay ecosistemas abiertos

El concepto de cadena valor como modelo operativo surge al albor de la economía industrial donde el producto era la principal propuesta de valor. La cadena de valor trata de satisfacer las demandas de los clientes al menor coste posible, con un nivel de servicio razonable y siempre contemplando muy moderadas opciones de personalización para capturar la eficiencia de unos procesos estándar y automatizados. En definitiva, una oferta tipo para un cliente tipo. Pero ahora el contexto ha cambiado y las empresas que sigan entendiendo sus operaciones como una cadena de valor lineal y predecible acabarán perdiendo capacidad competitiva en la nueva economía digital. El espacio de soluciones ha cambiado, pues en la medida que nos movemos hacia una propuesta de valor basada en experiencias y estilos de vida, la única forma de crearlas y entregarlas a los clientes es bajo un modelo operativo basado en un ecosistema abierto, una red de valor donde el concepto de cliente, proveedor y competidor es cada vez menos rígido. En un ecosistema todo es posible y términos como “prosumer – prosumidor”, como fusión de los términos productor y consumidor o “co-opetition”, como espacio donde competir y colaborar al mismo tiempo, tienen su espacio natural en un ecosistema operativo.

Amazon fue una de las primeras compañías en explorar el concepto de prosumidor cuando invitó a sus clientes a a que puntuaran los libros y a que escribieran sus propias valoraciones, sin importar que fueran negativas. La competencia de Amazon se quedó de piedra, pues no concebía cómo una persona podría comprar un libro que alguien hubiese criticado duramente. Pero Amazon consiguió que los usuarios hicieran por si solos parte del trabajo editorial y que al mismo tiempo fuese una tienda distinta, una tienda que ayudaba a los clientes a tomar decisiones a la hora de comprar, una tienda en la que se podía confiar hasta el punto de que indicaba los libros que podían suponer probablemente una pérdida de tiempo y dinero.

Apple y Google pueden ser un buen ejemplo de competidores y colaboradores al mismo tiempo. Por un lado, llevan años luchando por liderar el mundo móvil confrontado iOS contra Android y App Store contra Google Play. Pero por otro lado, no impiden que sus aplicaciones sean agnósticas del sistema operativo y fluyan libremente por el ecosistema digital, y así por ejemplo, un cliente de Apple puede tener en su móvil el Gmail de Google y un cliente de Android el Apple Music.

Ser competitivos en la economía digital exige desterrar el concepto cerrado y lineal de cadena de valor y a abrazar con fuerza la colaboración abierta dentro de un ecosistema. Es la única manera de optimizar la integración de las capacidades distintivas de una compañía con las de otros especialistas, buscando siempre el desarrollo de una experiencia absolutamente única para los clientes, de tal manera que el valor agregado sea mayor que la suma de los individuales.

En la economía digital no se crece diversificando, se crece asimétricamente

Una de las innovaciones más sobresalientes que nos ha traído la economía digital son los modelos de negocio asimétricos. Tradicionalmente las compañías buscaban crecer diversificándose hacía nuevos mercados. Se expandían buscando generar nuevos beneficios en nuevos mercados. Es decir, la creación de valor y la captura del valor ocurre en el mismo mercado. Pero existe una visión diferente basada en una asimetría entre donde se crea valor y donde se captura el valor. Muchos líderes de la economía digital se expanden fuera de su core business con nuevos productos y servicios, pero que en muchos casos regalan y subsidian, pues son capaces de trasladar la monetización de vuelta a su core business. 

economia digital - modelo de negocio asimétrico - jose cantera

Google es quizás el mejor ejemplo posible. Los chicos de Montain View crean valor a sus clientes en lo que podríamos denominar el sector de las aplicaciones o del software. Pero con una notable particularidad, las regalan. Obviamente, Google incurre en el mismo tipo de costes para entregarnos estos servicios que una compañía de software que cobrase por ellos. Pero la maestría de Google ha sido desarrollar un fórmula de monetización basada en servicios de marketing personalizados, es decir, Google conecta a los clientes de sus aplicaciones (e.g. Google Search, Google Maps, YouTube, Gmail) con las marcas, poniendo en valor todo el conocimiento que genera cuando entrega sus servicios. Todo ello magistralmente integrado en una misma plataforma. Sin olvidarnos de un pequeño detalle, que este modelo se rige bajo las economías de red. Cuantos más clientes utilicen sus aplicaciones y más marcas se conecten a su plataforma, sus beneficios crecen exponencialmente.

Esta asimetría entre dónde se crea el valor y dónde se captura el valor está rompiendo las reglas del juego. Cuando las compañías competían cara a cara en un sector de actividad, los movimientos eran más o menos predecibles. Conocías a tu competidor, la estructura de su cuenta de resultados era prácticamente igual a la tuya, y por tanto, sus decisiones eran bastante predecibles. Pero si por ejemplo eres una empresa de telecomunicaciones con un negocio multimillonario basado en los SMS, y de repente, llegan los chicos de WhatsApp y empiezan a regalar el envío de mensajes, puedes empezar a volverte loco.

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Nuevos tiempos, nueva economía, nuevas formas de ver las cosas, nuevas reglas. Vivimos un tiempo apasionante donde el futuro está por escribir. Tenemos que desaprender para aprender. Desaprender para crear un futuro mejor. Desaprender para ser felices. Así de fácil. Así de difícil.`

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