Crowdfunding o la reinvención del capitalismo

Imagínate que tienes talento para hacer algo y además es lo que más te apasiona en la vida. Con ese talento y esa pasión creas experiencias que hacen felices a las personas y con las que también has hecho ganar dinero a una empresa. Pero un día quieres volver a hacer lo mismo, pero nadie invierte en tu proyecto el dinero necesario para llevarlo a cabo. Frustrante, ¿no? Así se sintió Brian Fargo cuando quiso crear la segunda parte de un videojuego que mucha gente adoraba y que fue un éxito comercial. Todo comenzó cuando Brian estaba en el instituto, sus padres le regalaron un Apple II y descubrió el mundo de los videojuegos. En 1983 fundó Interplay apasionado con la idea de poder jugar con videojuegos creados por el mismo. Interplay empezó en un garaje pero se convirtió en una de las cinco mayores empresas de videojuegos de la década de los 80 y los 90 gracias a éxitos como Wasteland, un juego de rol que fue distribuido por el gigante Electronic Arts. A pesar de la gran acogida que tuvo Wasteland, Brian no consiguió el apoyo de Electronic Arts para producir una segunda edición a pesar de que miles de fans del videojuego se lo pedían cada vez que tenían ocasión de hablar con él. Apoderado por la frustración, en 2002 abandona la compañía que el mismo había fundado pero consiguió quedarse con los derechos de Wasteland. Diez años después, Brian consiguió 2,9 millones de dólares para crear y producir Wasteland II. ¿Otra gran distribuidora de videojuegos puso el dinero? No. ¿Quizás algún banco o fondo de inversión? En absoluto. Brian simplemente publicó su idea en Internet y los 900 mil doláres que necesitaba para hacerlo posible. Pero la llamada de Brian tuvo la respuesta de 61 mil personas que le aportaron 3 veces más del dinero que él había solicitado. Esta es la locura o la magia del crowdfunding, que de manera sencilla y coloquial podríamos definir como el espacio donde la gente con ideas y necesidades de dinero para llevarlas a cabo, conecta con personas que les gusta la idea y colaboran aportando su grano de arena. Pero con un pequeño pero fascinante matiz, las personas no esperan una rentabilidad meramente económica. Lo que realmente les estimula es ser patrocinadores y partícipes de un proyecto con el que se identifican.

Con el crowdfunding el dinero comienza a tener propósito

Nuestro esquema de crecimiento económico, progreso y bienestar esta muy anclado en las empresas a través de un sistema en el los dueños del capital, es decir el dinero, invierten en la creación o expansión de una empresa con la condición de obtener una rentabilidad. Este es el motivo por el que el propósito de la mayoría de las empresas sea el de “maximizar el retorno para nuestros accionistas”. Por tanto, cuando tienes un proyecto entre manos y no tienes ahorros suficientes para llevarlo a cabo, tienes que nadar en un “tanque de tiburones” en el que proliferan escualos como bancos, fondos de inversión o fondos de capital riesgo. Primero hay que pasar el reality show del evelator pitch. Posteriormente si tu idea cumple con el check list de criterios, tendrás alguna posibilidad de conseguir financiación, y si ademas eres buen negociador, lo harás sin que tengas que firmar un pacto de accionistas con el que puedes acabar perdiendo el control de tu compañía y la toma de decisiones trascendentales para su futuro. A partir de ese momento, es muy probable que el propósito con el nació tu proyecto se vaya disipando en favor de hacer felices a tus accionistas, es decir, maximizar a corto plazo la cuenta de resultados. Un modelo consolidado y probado en nuestro sistema capitalista y con el que se han financiado muchas empresas de éxito. Pero, soy de los que opinan que lo que funciona hay que cambiarlo para hacerlo mejor.

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El crowdfunding puede ser esta piedra te toque para mejorarlo porque en su cultura el dinero no significa simplemente dinero para generar más dinero. Muchos proyectos de crowdfunding ofrecen algún tipo de recompensa a sus patrocinadores como ser los primeros en poder disfrutar del producto cuando vea la luz o conseguirlo a un precio especial. Pero para la mayoría de este nuevo tipo de mecenas lo que verdaderamente les motiva a colaborar es poder sentirse partícipes de algo con propósito y que les parece importante. Muchas de los gastos que hacemos como consumidores se destinan a comprar cosas banales y que pasan por nuestra vida sin dejar rastro ni un buen recuerdo en la memoria. Por tanto, a muchas personas no les parece una excentricidad destinar una parte de su dinero a patrocinar la idea de una persona que ni tan si quiera conocen, que quizás no va conseguir llevarla a cabo o que incluso no hará realidad la recompensa que ha prometido. Pero la posibilidad de que algún día puedan decir “yo puse mi grano de arena en hacer posible algo grande” les reconforta y les ayuda a satisfacer sus anhelos de auto realización, y por tanto, de bienestar y felicidad. Es la felicidad que recibes por haber ayudado a que un sueño se convierta en realidad.

Esta innovación económica y social ha permitido que Pebble recaudara más de 10 millones de dólares para que la gente pudiera tener un reloj inteligente y personalizable o que Ouya consiguiera 8 millones de dólares para desarrollar un nuevo concepto de video consola basada en software libre que la gente puede adquirir por menos de 100 dólares. Pero el crowdfunding también he hecho posible creaciones culturales y científicas, del mismo modo que los mecenas del Renacimiento apoyaron a genios como Miguel Angel o Leonardo Da Vinci. A través de Kickstater, quizás la plataforma de crowdfunding de referencia, han visto la luz álbumes de música que han ganado Grammys, documentales que han sido premiados con un Oscar, obras de arte que han sido expuestas en museos tan consagrados como el MoMa de Nueva York y hasta invenciones científicas que han formado parte de los programas espaciales de la NASA.

Es cierto que muchos de los proyectos que tienen su génesis en plataformas como Kickstater no terminan en éxito, pero tanto los que han fracasado como lo que han triunfado, han sido receptores de la confianza generosa de sus patrocinadores. Sin plan de negocio, sin avales bancarios, sin rentabilidades financieras garantizadas, sin pacto de accionistas, sin opciones de compra o venta de acciones, es decir, sin ninguno de los instrumentos tradicionales. Simplemente es tener la oportunidad de contribuir a iniciativas que tratan de mejorar el mundo o de crear cosas que no existen pero que las personas desean. De alguna manera le dan un propósito a su dinero y participan en inventar el futuro a través de apoyar a gente con talento, con pasión y con un sueño a realizar.

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El crowdfunding abre una nueva era de Capitalismo: creativo, conectado y colaborativo

Internet y el mundo digital han hecho posible la democratización de muchas experiencias que anteriormente estaban restringidas a un cierto público o sector de la sociedad. Pero la democratización del acceso al capital que está generando el crowdfunding puede suponer una de las innovaciones más transformadoras del modelo económico actual. No solo porque cualquier persona puede ser mecenas y patrocinar un proyecto emprendedor, sino porque las reglas del juego cambian por completo. El dinero deja de ser el centro de todo pues el propósito no es obtener un beneficio a corto plazo. Al eliminar de la ecuación las restricciones que suponen asegurar una rentabilidad para el inversor que aplica el modelo tradicional de financiación, se abre un océano de oportunidades para los genios con ideas locas, para los rebeldes con causa, para los inconformistas del status quo, para los innovadores rupturistas, y porque no, para una nueva era del Capitalismo.

Un capitalismo creativo porque en el crowdfunding gira entorno a conceptos para mejorar el mundo, para hacer felices a las personas o que simplemente “molan“o parecen “cool“. Muchas de las ideas están suponiendo la creación de nuevas empresas, de nuevos puestos de trabajo y por supuesto de rentabilidad para los accionistas que eventualmente acaban invirtiendo en el proyecto. Pero mucha de la creatividad que están canalizando las empresas gestadas en un proyecto de crowdfunding nunca hubiera visto la luz si hubieran tenido que nadar antes en el tradicional “tanque de tiburones“.

Un capitalismo conectado porque el crowdfunding es capaz de conectar a personas de todo el mundo a través de un sueño. En cada proyecto se genera una relación entre los promotores y los patrocinadores alrededor de un propósito que es importante para ambas partes. Cuando vas a pedir inversión a un banco a un fondo para montar tu empresa, no hay ese alineamiento de propósitos. Para ti lo más importante es hacer tu sueño realidad y para los dueños del capital es ganar más dinero. Todo se circunscribe a un alineamiento de objetivos en términos de número de clientes, ingresos y márgenes. Pero las grandes revoluciones y transformaciones que han mejorado el mundo solo se han producido cuando las personas han estado conectadas y unidas por un ideal, por un sueño, por un anhelo de mayor felicidad y bienestar. Un papel con unos fríos objetivos numéricos jamás conseguirá crear el caldo de cultivo necesario para incubar algo transcendental.

Un capitalimo colaborativo porque el crowdfunding está transcendiendo al mero patrocinio de las ideas. Estas plataformas se están convirtiendo en ágoras donde no sólo se solicita dinero a los patrocinadores, sino que también tienen la oportunidad de ser agentes activos aportando comentarios, sugerencias y nuevas ideas durante el proceso creativo y de desarrollo del proyecto. Cuando Brian Fargo consiguió el dinero necesario para crear la segunda parte de Wasteland fue reportando los avances con sus patrocinadores y la metabolización de todo el feedback obtenido les dio inspiración y energía extra para que el producto final fuese superior a las expectativas que tenían al inicio. Pero al mismo tiempo el reto ganó en exigencia y dimensión, pues no es lo mismo reportar los avances a tu jefe y a una docena de compañeros de trabajo que a una comunidad mundial de miles de personas que han depositado toda su confianza en ti. Por tanto, el crowdfunding es mucho más que un sistema de financiación, es un ecosistema que estimula un ejercicio de co-creación abierta ente promotores y creadores a través de una conversación continua y transparente entre fans y artistas, entre necesidades e ideas, entre sueños y realidades. Además, si a esto le sumamos los nuevos modelos de negocio creados por los Unicornios de la Economía Colaborativa, las reglas que han sustentado los últimos siglos de crecimiento están definitivamente volviendo a ser escritas.

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Siempre resulta atrevido o incluso quizás petulante el bautizar algo como revolucionario y pronosticar el cambio que va a ser capaz de generar. Pero creo que el crowdfunding tiene todos los ingredientes para desconstruir el modelo tradicional de innovación y creación de empresas, para volver a reinventarlo con una visión mucho más humanista y con un propósito más genuino que el simple retorno para el accionista. Creo que el crowdfunding es un medio ideal par darle un propósito al dinero a través de apoyar a personas con talento, pasión y sueños a realizar. Creo que el crowdfunding va a ser una de las innovaciones más disruptivas de los últimas décadas con un inmenso potencial de transformación para los próximos 20, 50 ó 100 años. Creo que el crowdfunding será un motor de creación de empresas como armas de construcción masiva de felicidad. Creo que el crowdfunding es uno de los mejores ejemplos de cómo la tecnología se pone al servicio de la felicidad de las personas, porque cuando entras en una plataforma como Kickstarter, Indiegogo o cualquiera de las que forman parte del Top 100 Crowdfunding Sites, es como mirar una galería de sueños ya que detrás de cada propuesta están los anhelos de felicidad de personas que al compartir su idea con el mundo pueden conseguir hacerlos realidad.

 

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